Hablemos de cine y muerte (I): Las horas
El insufrible paso de las horas cuando uno anhela la muerte. Una especie de muerte en vida. Horas de espera, cuando se tiene la certeza de que aquel clavo ardiendo se fundió hace tiempo, de que el último tren hacia Londres partió hace ya mucho. "No se puede encontrar la paz evitando la vida", dice Virginia Wolf con los ojos de Nicole Kidman, o Nicole Kidman con la nariz de goma, qué más da. Lo dice, resignada, mientras se aleja de la estación con su marido, decidida a retirarse junto a él en su casa en los suburbios londinenses, dispuesta a terminar su última novela y ver pasar las horas; luego llegará el día de las notas de despedida, las piedras en los bolsillos y el barro mezclándose en su pelo.
Porque si hay algo peor que la muerte, algo más duro que la vida, es la muerte en vida; un letargo, una rara anestesia: hojaldre para los niños, tartas para el día del cumpleaños, flores para la ceremonia; mientras, los relojes siguen describiendo el lento paso de las horas.
"Las horas": la historia de tres mujeres, de toda una vida, condensada en un solo día, el día en que despiertan de ese dulce letargo y han de elegir: elegir la vida o elegir la muerte. Elegir la vida puede ser algo mezquino: trepar hasta la punta del iceberg y exhalar el aire helado del Atlántico, mientras las personas a las que amas se asfixian, congeladas, bajo el agua; porque no se puede encontrar la paz evitando la vida, y en ocasiones, no podemos abrazar la vida sin condenar a los que nos rodean, sin dejarles atrás, flotando rumbo a los glaciales, mientras damos brazadas hacia la costa. ¿Qué hacer si no? Elegir la muerte, la muerte en vida: una anestesia inyectada en cada abrazo que recibimos de aquellos que nos agradecen que permanezcamos ahí, junto a ellos, pase lo que pase, para siempre; un fármaco potente, pero no lo suficiente para hacer desapercibido el paso de las horas. "Si sigo vivo, es sólo para complacerte", le dice un moribundo
Ed Harris a Meryl Streep.
Porque si hay algo peor que la muerte, algo más duro que la vida, es la muerte en vida; un letargo, una rara anestesia: hojaldre para los niños, tartas para el día del cumpleaños, flores para la ceremonia; mientras, los relojes siguen describiendo el lento paso de las horas.
"Las horas": la historia de tres mujeres, de toda una vida, condensada en un solo día, el día en que despiertan de ese dulce letargo y han de elegir: elegir la vida o elegir la muerte. Elegir la vida puede ser algo mezquino: trepar hasta la punta del iceberg y exhalar el aire helado del Atlántico, mientras las personas a las que amas se asfixian, congeladas, bajo el agua; porque no se puede encontrar la paz evitando la vida, y en ocasiones, no podemos abrazar la vida sin condenar a los que nos rodean, sin dejarles atrás, flotando rumbo a los glaciales, mientras damos brazadas hacia la costa. ¿Qué hacer si no? Elegir la muerte, la muerte en vida: una anestesia inyectada en cada abrazo que recibimos de aquellos que nos agradecen que permanezcamos ahí, junto a ellos, pase lo que pase, para siempre; un fármaco potente, pero no lo suficiente para hacer desapercibido el paso de las horas. "Si sigo vivo, es sólo para complacerte", le dice un moribundo
Ed Harris a Meryl Streep. Por último, cabe una última posibilidad: morir, irreversible y definitivamente. "No creo que nadie pueda ser tan feliz como lo fuimos tú y yo juntos", le dice Virginia a su marido en su carta de suicidio, y luego éste llora, a salvo, en la orilla del río, mientras el cuerpo de la escritora sigue sumergido corriente abajo. Porque, como ella misma dijo, un personaje debe morir para que los demás aprendan a apreciar la vida.
"Las horas" (The hours). EEUU (2003). Dir.: Stephen Daldry. Int.: Nicole Kidman, Julianne Moore, Meryl Streep, Ed Harris.

1 Comments:
Ayyy es la cuarta vez que lo leo. No sé cómo puedes creer que es denso, me repito en que puntuas muy bien, precisamente mi asignatura pendiente. Tampoco me explico cómo puedes decir que no te gusta escribir (según Miguel eres un cínico). Aparte de la contundencia de las metáforas, se nota que piensas en imágenes, me ha gustado porque me has hecho pensar... (Y no sólo por cuestiones incidentales)
Deberías retomar el flog-crítica. A Miguel le has animado a abrirse uno.
Por cierto, esta noche hemos hecho macro-macedonia, aunque picharla con cubiertos no sea lo mismo
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